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Lecturas de interés

Seguridad alimentaria y Educación… cuestión de Derechos

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La seguridad alimentaria es un Derecho del niño y del adolescente. Varios factores inciden en el cumplimiento de este derecho. La falta de políticas públicas sobre el tema, escasa información y educación sobre el tema, los cambios en los estilos de vida y las costumbres y la invasión de algunos medios de comunicación en los escenarios cotidianos, favorecen la incorporación de hábitos nocivos para la salud.

Por Zózima González Martino

La seguridad alimentaria es un Derecho del niño y del adolescente. Varios factores inciden en el cumplimiento de este derecho. La falta de políticas públicas sobre el tema, escasa información y educación sobre el tema, los cambios en los estilos de vida y las costumbres y la invasión de algunos medios de comunicación en los escenarios cotidianos, favorecen la incorporación de hábitos nocivos para la salud.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) define la seguridad alimentaria como la situación en que las personas tienen “acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y sus preferencias en cuanto a los alimentos a fin de llevar una vida activa y sana”.

El concepto de seguridad alimentaria se puede analizar desde diversas perspectivas, sean ellas mundial, nacional, familiar o individual.
La seguridad alimentaria, desde el punto de vista global, atañe a la disponibilidad total de suficientes alimentos para alimentar a la población mundial; la perspectiva nacional refiere a la disponibilidad de alimentos para abastecer a la población de un país; en el ámbito familiar, la seguridad alimentaria tiene que ver con la disponibilidad y acceso a suficientes alimentos a partir de la propia producción familiar, las compras locales o una combinación de ambas. Desde una perspectiva individual, la seguridad alimentaria, consiste en la cantidad y calidad de alimentos disponibles para el consumo de un sujeto concreto.

En una alimentación adecuada intervienen además de una buena selección de alimentos, la situación socio-familiar, hábitos y costumbres, educación, nivel cultural etc. Es necesario tener en cuenta también, la adaptación especial en situaciones que obligan a la suplementación o modificación de la dieta habitual.

La Convención de los Derechos del Niño, consigna en su artículo 24, varios aspectos referidos a la responsabilidad de los Estados Partes en cuanto a la salud alimentaria de los niños y jóvenes. Reconoce el derecho del niño al disfrute del más alto nivel posible de salud y alimentación para el tratamiento de las enfermedades y la rehabilitación de la salud. Expresa que los Estados Partes se esforzarán por asegurar que ningún niño sea privado de su derecho al disfrute de esos servicios sanitarios.

Asegura que los Estados Partes velarán por la plena aplicación de este derecho y, en particular, adoptarán las medidas apropiadas para asegurar la prestación de la asistencia médica y la atención sanitaria que sean necesarias a todos los niños, haciendo hincapié en el desarrollo de la atención primaria de salud.

Se compromete a combatir las enfermedades y la malnutrición en el marco de la atención primaria de la salud mediante, entre otras cosas, la aplicación de la tecnología disponible, suministro de alimentos nutritivos adecuados y agua potable salubre, teniendo en cuenta los peligros y riesgos de contaminación del medio ambiente.

Se propone asegurar que todos los sectores de la sociedad- y en particular los padres y los niños-, conozcan los principios básicos de la salud y la nutrición de los niños, las ventajas de la lactancia materna, la higiene y saneamiento ambientales y las medidas de prevención de accidentes, así como que tengan acceso a la educación pertinente y reciban apoyo en la aplicación de esos conocimientos.

En Uruguay no es posible afirmar que tenemos seguridad alimentaria. Dan cuenta de ello la presencia de hurgadores buscando comida, niños desnutridos, largas filas de personas esperando que se les sirva un plato de comida, trabajo a cambio de alimentos, entre otros hechos.

En los últimos años se ha dado un incremento en las enfermedades de origen alimentario: obesidad, obesidad mórbida en niños y jóvenes, anorexia, bulimia, diabetes, hipertensión arterial, entre otras.

Es unánime el reconocimiento del papel que cumple la educación, pero existe una brecha muy importante entre la legislación y la acción. Si bien los hábitos alimentarios son educables, la educación alimentaria – según los expertos - es un apartado olvidado. Los esfuerzos aislados para mejorar algunos asuntos de esta materia no han sido eficiente; por ese motivo es necesario desarrollar políticas públicas sobre el tema que aseguren coordinación de acciones orientadas a un propósito común, con líneas claras de acción colaborativa.

El aprendizaje es un proceso que se da desde el nacimiento- y aún antes - y durante toda la vida. Se inicia en la familia, se continúa en la escuela e involucra a todos los actores sociales, los medios de comunicación, las redes sociales, las nuevas tecnologías de la información.
La familia es la primera institución de educación. En ella se instalan las bases culturales y códigos de convivencia y relacionamientos; los valores. Por ese motivo se requiere que los padres estén informados y capacitados, para introducir hábitos saludables en la familia.

La escuela es una vía de entrada a la cultura y ayuda a los niños y jóvenes a la comprensión del mundo. Cuando el niño ingresa a la escuela, tiene un bagaje de aprendizajes que incluye valores culturales, hábitos de cuidado, higiene, alimentarios y rutinas, entre otros, todo lo cual hace que acepten o rechacen los alimentos que se le ofrecen en la escuela.

Los hábitos alimentarios son las formas en que las personas o grupos seleccionan, consumen o utilizan los alimentos disponibles. Incluye los sistemas de producción, almacenamiento, distribución y consumo de alimentos; todo esto en función de determinantes sociales y culturales.
Los hábitos alimentarios de los escolares están influenciados en parte por el tipo de alimentación familiar en su casa, por las conductas de sus pares y por la influencia de los estilos de vida del momento.

Niños y jóvenes comparten su mundo con los medios de comunicación masivos, antes de tener la capacidad de seleccionar y defenderse de su influencia.
Los medios de comunicación y la publicidad, inciden en los cambios de cultura alimenticia de niños y jóvenes, instalan el deseo de consumo de productos que no siempre cumplen con las disposiciones legales, bajos en fibra, altos en sodio, grasa y/o
azúcar. Alientan al consumo de refrigerios, snacks, "Fast –food", alimentos en general ricos en grasas y azúcares de diferentes tipos; sólidos o líquidos tomados entre las comidas, pobres en calcio, hierro, vitamina A, D y B12.

En los hogares se mezcla y se crean mitos, costumbres y hábitos que no ayudan en absoluto a que los chicos y jóvenes puedan distinguir y elegir una comida sana y saludable.

Desinformación y confusión de palabras y/o conceptos como: sana, saludable, elaborada y casera se entremezclan, haciendo una idea genérica muy difusa, que no colabora a la hora de puntualizar, diferenciar y llevar a la acción en su dieta cotidiana.
El patrón alimentario de los escolares muestra bajo consumo de frutas y verduras, consumo excesivo de azúcares refinados, proteínas, grasa y sal,así como consumo deficitario de potasio y gran consumo de bebidas refrescantes. Más de la mitad de las comidas son a base de carne, mayoritariamente vacuna, producto del valor asignado tradicionalmente a este alimento.

La alimentación de los adolescentes es cada día más preocupante debido a la toma de decisiones de cada uno de ellos, los productos que se vende en las cafeterías de las escuelas, los hábitos sociales y familiares- en ocasiones carentes de una adecuada información nutricional por especialistas o faltos de costumbres sanas e inclinadas a una salud presente y futura-, hacen la necesidad de dar una información de los nutrientes requeridos en la etapa de la adolescencia.

La Convención de los Derechos del Niño, en el punto 2 del artículo 18, subraya de manera especial la responsabilidad primordial de la familia por lo que respecta a la protección y asistencia del niño.
“A efectos de garantizar y promover los derechos enunciados en la presente Convención, los Estados Partes prestarán la asistencia apropiada a los padres y a los representantes legales para el desempeño de sus funciones en lo que respecta a la crianza del niño y velarán por la creación de instituciones, instalaciones y servicios para el cuidado de los niños”.

Los investigadores descubrieron que si las madres contribuyen significativamente a los ingresos del hogar, las probabilidades de inseguridad alimentaria caen un 60%. La seguridad alimentaria de los niños depende –entonces - de la educación de las madres y de su acceso a recursos sociales y económicos; por ese motivo, la educación de las madres es un factor esencial.

Los cambios en los estilos de vida de las familias, menor presencia de los padres en el hogar y menos tiempo libre para dedicar a los hijos (si bien van dando mayor confort y cada vez hay más innovaciones en cuanto a alimentos), promueven hábitos no tan saludables, y convierten el recurso a la comida rápida, pre-cocinados y productos similares tan atractivos para el niño como poco saludables, en una mala solución demasiado habitual.

El educador ha perdido su rol fundamental de ser el depositario del saber: hoy, accediendo a Internet con Google, las mejores bibliotecas y los mejores medios de comunicación masiva, la información está en todas partes, disponible en cualquier momento para el que la quiera o la necesite.

Las redes sociales introducen otros lenguajes y códigos así como nuevas formas de producción y de transmisión de la cultura. Aparecen de este modo otros saberes, diferentes de los de la escuela, la familia y su entorno más próximo. Estos lenguajes entran con los alumnos a los Centros Educativos, lo que genera la necesidad de revisar y reinventar las propuestas educativas, para todas las edades.

Estar ante la televisión durante muchas horas facilita un cambio de los hábitos alimentarios, con mayor frecuencia del "picoteo" y bebidas durante ese tiempo, además de ir acompañado de una menor actividad física. Los niños tienen poder de decisión, eligen sus meriendas, generalmente ricas en grasas, azúcares simples y sal.

La industria alimentaria, particularmente la que elabora las golosinas más comunmente llamadas “comida chatarra” (alimentos industrializados de bajo valor nutricional) ha logrado que estos productos estén disponibles en todas las zonas y regiones, resulten accesibles por tener un precio mucho menor que otros productos más nutritivos. Es más fácil encontrar jugos o refrescos industriales con gran cantidad de azúcar agregada, que agua o jugos naturales.

No sólo la escuela es responsable, también lo son la familia y el Estado que las rige. Para educar y formar se necesita de todos los actores que participan en dichos procesos: familia, institución educativa, medios de comunicación, redes sociales, otros actores de la comunidad y el Estado que los regula.
Es necesario sensibilizar a las autoridades de gobierno sobre la necesidad de tener políticas públicas para la infancia, sobre el tema de la nutrición en particular, que comprometan la acción participativa de la sociedad en su conjunto, para generar conciencia colectiva.

Se debe trabajar en Educación Nutricional de las familias para modificar los malos hábitos alimentarios y reforzar los que son adecuados. Esta educación debe ser concertada, colectiva y progresiva para obtener resultados positivos. Cambiar los malos hábitos alimentarios es una cuestión de Derecho. Constituye un reto en el que la información y la formación juegan un papel muy importante.

Artículo originalmente publicado en http://www.oei.es/divulgacioncientifica/?Seguridad-alimentaria-y-Educacion

 

 

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